martes, 7 de abril de 2015

Mercadeando: Sin rodeos ¿qué coño quieres?

Javier González Ogando
Director de Marketing en Pantuás

No es mi intención ser descarado, sino, como he dicho en otras ocasiones, ir directo al grano, sintetizar. Si coloco esa impertinente pregunta en la cabecera, es porque es la pregunta que hay que hacerse a la hora de emprender cualquier negocio. La que tiene que hacerse uno a sí mismo y la que le tiene que hacer a los demás.

No quién eres, ni qué sabes, ni qué puedes, sino, ¿qué quieres? Porque lo único que tendrá ciertas garantías de salir bien es hacer aquello que, de verdad, quieres hacer.

Y una vez contestada, por ti mismo, esa pregunta, si has decidido emprender un negocio y cuál va a ser, debes hacérsela al público al que vayas a dirigir ese negocio. Porque solo tendrá ciertas garantías de triunfo si le das al público precisamente lo que quiere, como lo quiere.

Luego vendrán los planes, las acciones de marketing, pero todo ello en base a esa primera reflexión. ¿Qué quiero en realidad, y qué quiere la gente a la que voy a dirigirme? Y entonces sí, cuando tengas esas respuestas y estés seguro de ellas, deberás empezar a planificar.

  1. Yo: con respecto a mi plan, fortalezas y debilidades.
  2. Ellos: con respecto a mi plan, los clientes, ¿qué demandan?
  3. El Mercado: fortalezas y debilidades, con respecto a la competencia, selección de proveedores o intermediarios, en caso de que deba haberlos, momento social y económico, nicho a ocupar.
  4. El Producto: condiciones de compra y venta, precios y servicios. 
  5. Ubicación, medios y recursos.
  6. Estrategia de comunicación, medios de promoción.
  7. Previsión: plazos, umbral de rentabilidad, objetivos de ventas…

Esto debería ser obligatorio para empezar a andar. Pero, si eres uno de esos emprendedores que gustan de ser absolutamente metódicos, o si tienes un montón de recursos y estás pensando en organizar una gran empresa, “como Dios manda”, entonces, antes de lanzarte, empezar a trabajar, a vender, etc., deberías planificar también, hasta la saciedad, otra montaña de futuras vicisitudes a corto, medio y largo plazo: un plan de operaciones y de recursos humanos con su consiguiente posible evolución; un plan jurídico mercantil y un plan económico financiero, con todos y cada uno de los infinitos detalles que ello implica: el régimen fiscal, las figuras jurídicas, el órgano de administración, un organigrama general, formas de contratación, cuestiones laborales, política retributiva, seguros, leyes correspondientes, inversión y financiación, amortización, ingresos y gastos, cuenta de explotación, contabilidad, tesorería, balances…

¿A que ya sabéis lo que voy a decir? Si esta última parte es tu forma de ver las cosas, e incluso si lo es solo la primera parte, “A no ser que tú mismo lo seas, si quieres hacer algo bien, consulta al experto”, porque de lo contrario, cuando tengas todo eso controlado, ya no tendrás ganas, ni edad, para emprender.

Próximo articulo: “Su majestad, el ROI”.

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